Cerca del estudio hay un café que se llama White Trash Cafe. El encargado es Bill, un señor gay de unos cincuenta años que combina su adoración por lo kitch con un fervor religioso muy sureño. El café esta decorado de la manera mas recargada posible, con muñecos, recortes de prensa y portadas de discos que cubren todas las paredes (en concreto Bill es fanatico de las Dixie Chicks). No sé muy bien si el bar es propio de una película de John Waters, o en realidad seria el bar que tendría John Waters de haberse dedicado a la hostelería. Cuando le pedí permiso para hacer unas fotos, me dijo que lo verdaderamente hermoso del lugar estaba en la ventana del baño de mujeres: una mancha producida por la humedad que, sin ninguna duda, tiene la forma de un Cristo crucificado. Bill me pregunto si era creyente y pareció decepcionado cuando le dije que no, pero por supuesto hice al Cristo en el cristal el buen numero de fotos que se merecía.
Brad hace solo dos comidas al día: un desayuno fuerte por la mañana y una comida a las 15:30. Dice haber tomado esta costumbre de los europeos, que tenemos mas años de historia y por tanto hemos alcanzado rutinas mas sofisticadas (no le he preguntado si también cena o si su recreación de las costumbres europeas es mas bien libre).
Así que todos los días le recojo a las tres y media y nos vamos a alguno de los muchos restaurantes que hay en la zona. Me llama la atención que todos tienen por fuera una pinta horrorosa y luego por dentro son muy acogedores (por lo menos a los que me lleva Brad). El código de colores y aspecto por el que me regiría en otras ciudades para descifrar si un sitio mola o no aquí no me sirve de nada.
El restaurante griego es propiedad de un matrimonio que hace unos meses decidió participar en un reality nacional llamado Wife Swap. Vamos, que las familias intercambiaban a las amas de casa e imagino que todo es un lío porque nadie aguanta a nadie (creo que el formato estuvo en Telemadrid). Cuando el restaurante abrió, una de los atractivos era que el señor griego gritaba desde la puerta para tratar de llamar la atención, se sentaba con los clientes y hacia todo el show de griego pintoresco con el que la gente estaba encantada. Resulta que en el reality este señor no paraba de hacer comentarios y bromas políticamente incorrectas sobre su mujer y sus hijos que escandalizaron a todo Nashville. Desde entonces ya no sale de la trastienda a saludar a las clientes y el restaurante esta siempre medio vacío. A Brad el asunto no le parece mal del todo, ya que ahora puede sentarse sin problemas en su sitio favorito a cualquier hora del día.
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white trash cafe, john waters
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