El cuarto sábado de cada mes se monta, no muy lejos del estudio, el Flea Market de Nashville. Así que he tenido suerte con las fechas y el fin de semana pasado pude zambullirme en los restos y desperdicios de varias décadas de cultura americana. Como en cualquier rastro del mundo, el abanico de puestos va desde el más normal en el que unos agricultores venden verduras, hasta algo tan especifico como el dedicado solamente a timbres de bicicleta antiguos. Entre los dos extremos, multitud de puestos con millones de cosas que no sirven para nada pero necesitas desesperadamente. El sitio es tan alucinante que lo mas aburrido que podía haber hecho era ponerme a mirar discos (¡que había a montones!).

Como no debe de haber muchos turistas que se aventuren más allá del downtown de Nashville, en seguida llamo la atención por mi acento y mucha gente me da conversación. Algunos de los personajes interesantes con los me cruce en el Flea Market:

  • Norman, un antiguo hippie que vendía chapitas originales de los sesenta con divertidos y carcomidos lemas como "John Wayne for secretary of defense". Le compre un buen puñado. Se lamentaba de no haber viajado nunca a Europa y me invitó a conocer la tienda que tiene al otro lado de la ciudad (Brad luego me dijo que me pilla bastante mal para llegar en bici).
  • Una señora mayor en un puesto en el que, entre vajillas antiguas y muñecas de época, tenía un buen taco de Maximum Rockandroll de finales de los ochenta y un montón de singles de hardcore oscurísimo. No pregunte, pero imagino que sería parte de la colección de su hijo, porque no tenia pinta ni edad de haber tenido un grupo hardcore en el instituto.
  • El vendedor más alucinante que he visto en mi vida: un tipo haciendo la demostración de cómo utilizar los ralladores de verdura de su puesto. Nada que ver con lo que puedes ver en cualquier mercadillo, ya que con un micrófono inalámbrico, luces de colores y dos pantallas de plasma colocadas al final del stand el hombre parecía haber nacido para vender ralladores. Y los vendía a montones, os podéis imaginar que llevo de vuelta a casa como regalo a amigos y familiares...
Las mezclas van muy bien, Brad lleva ya ocho canciones de las doce que traje a Nashville. La idea es volver sobre ellas los dos últimos días para hacer los ajustes necesarios y ver si necesitan cambios, pero están bastante cerradas y me gusta mucho como están quedando. Sigo sin meter mucha baza en el asunto ya que la mayoría de las ideas que propone Brad me convencen, es muy refrescante ver las canciones desde un punto de vista diferente tras haber trabajado en ellas prácticamente solo los últimos meses.