Ayer pasó por el estudio Robin, el socio de Brad, que había estado todos estos días en Los Angeles. Además de ser socio de Alex the Great tiene un segundo local pared con pared con una zona de grabación propia y un buen montón de instrumentos desperdigados. Todo colocado de una manera muy llamativa, ya que es casi una nave y no hay paredes que separen las habitaciones. Los Raconteurs lo han utilizado durante un tiempo como local de ensayo, pero ahora están de gira así que no me voy a cruzar con Jim White o Brendan Benson al salir con la bici.

Hemos comido dos días en La Hacienda, un restaurante mexicano buenísimo que hay en la zona latina de la ciudad, a cinco minutos en coche del estudio. Si me quedara más tiempo me planteaba hasta desayunar allí ya que es exactamente lo que me gusta: platos cubiertos de queso que tienen cosas por debajo. Enfrente esta Phonolux, una de las mejores tiendas de discos de la ciudad. Tras una de las comidas estuvimos mirando discos y entre otros me pille Dizzy, de Tommy Roe, a raíz del cual estuvimos hablando un buen rato de música chicle, de Tommy James, de Kasenetz and Katz y todas las producciones chicle de la época. Esa tarde le tocaba mezclar una canción que se llama Hal Blaine's Beat y le ha dado un sonido de rompepistas bubblegum muy chulo subiendo a tope el bajo con fuzz que tira de la canción. Por el momento es mi canción favorita de todo el disco. ¿Habría acabado teniendo el mismo rollo la canción si no me hubiera comprado el disco de Tommy Roe?

Por las noches mis planes son o bien ir al cine o ir a algún concierto. Pero siempre tiene que cumplir la regla de estar en un radio que pueda cubrir yendo en bici. Ayer hice doblete, ya el cine estaba muy cerca de The Basement, la que según Brad es una de las mejores salas de conciertos (de pequeño aforo) de Nashville. La lleva Grimey, que además del club tiene, en el mismo edificio, una tienda de discos muy chula. El camarero de The Basement es Jeff, un tío gigante con pinta de motero macarra al que curiosamente le encanta España. Por lo menos una vez al año viaja para allá y recorre junto a su mujer varios "paradoures" del país. Esto lo averigüé ya que al pedir una cerveza tuve que enseñar el carne de identidad, vio de donde venia y me contó toda la historia (¡esa noche también me pidieron el carnet en el cine para poder ver una película para mayores de 18!)